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La leche de vaca está para aquellos niños que no pueden ser lactados por la madre, ya sea por restricciones específicas (galactosemia, madres infectadas con el HIV o el virus linfotrófico humano de células T, o, hepatitis B, madres con tuberculosis activa o infección por herpes con lesiones localizadas en el pecho, por ejemplo) o por razones de su edad.  Frente a la leche materna, en la inmensa mayoría de las situaciones, la leche de vaca sufre desventajas contables, pero en su ausencia, es la leche para alimentar a los niños.

La leche materna, por ejemplo, tiene no solo elementos nutritivos requeridos por el niño para sus exigencias calóricas y metabólicas sino que también contiene elementos no nutritivos, ausentes en las leches de otra procedencia.  Evitaré hablar de fórmulas porque me interesa aclarar ciertos conceptos popularizados por el entusiasmo de la contradicción, para ciertas leches -después del 1er. año de vida- en los niños alérgicos o en quienes sospechamos alergia a la caseina, la proteína de la leche de vaca: la leche de soya, la leche de almendra y la leche de arroz.

El siglo de la información se ha convertido en el de la desinformación.  Hay médicos por todas partes, no solo sin títulos sino sin estudios, y gente que no solo los escucha sino que los necesita escuchar.  «Los ejércitos» de la magia, como los he llamado, y cuyo uniforme contraria la toga de la Medicina avanzan arrollando todo, incluyendo los conocimientos cimentados sobre la salud y la enfermedad.

 

El tracto gastrointestinal está diseñado para reemplazar la función digestiva de la placenta y permitir la asimilación de nutrientes ambientales con el propósito de crecer.  Es, además, un órgano inmunológico que posee elementos humerales y celulares del sistema inmune; es un órgano endocrino, que produce, contiene y excreta hormonas y factores glandulares que regulan la adaptación y función intestinal y metabólica de la vida extrauterina.  Es un ente regulador del agua que se conserva o se excreta junto con electrolitos o sales para estabilizar la normalidad; y es un conciliador de bacterias que mantienen en equilibrio el ecosistema intestinal, que propende a proteger de la enfermedad.   Esto no significa que no tenga limitaciones, pero las limitaciones se harán más evidentes cuanto más cerca estemos de la inmadurez o prematuridad al nacer, frente a condiciones particulares, como las alergias,  y cuanto más nos alejemos de pautas no solo sensatas sino científicas sobre la alimentación humana en niños sanos.  También es importante reconocer que ese tracto digestivo tiene que crecer y madurar y, entre los alimentos, la leche después del 1er. año de vida, sigue siendo parte -aunque no sustantiva- de una alimentación integral.

 

Niños con dermatitis atópica moderada o severa ven su problema de la piel precipitado por alimentos alergenos.   Esto es más frecuentemente observado en niños menores de 5 años de edad.  Ellos deben recibir una fórmula que hidroliza la caseina de la leche.  Niños en quienes se sospecha con bastante certeza o se ha probado alergia a la caseína también deben agregar a su dieta una fórmula de proteína  hidrolizada o, un hidrolizado de caseína.  Esta fórmula se procesa para que la proteína sea convertida en partículas más pequeñas que pierden su capacidad de inducir alergias.  Su costo, su olor y su sabor alejan a muchas familias de su opción.  Y, entonces, aparecen quienes aconsejan leche de cabra, leche de soja o soya, leche de almendras o leche de arroz.  Y aquí comienzan las dificultades.

 

La leche de almendra NO debe sustituir a la leche de vaca en niños con sospecha de alergia alimentaria porque no es nada improbable que, además, estos niños resulten alérgicos a las almendras, como a nueces y otras semillas similares. La leche de almendra está constituida grandemente por almidones en lugar de proteínas, que son las que se requieren para el crecimiento. Sin embargo, todavía podría utilizarse en aquellos niños con alergias alimentarias, que tienen ya una muy buena dieta balanceada y que se han acostumbrado «a tomar leche o algo parecido».  

La leche de arroz es igualmente una leche con pobre valor nutritivo para el niño en crecimiento y muy inferior a la de la leche de vaca o la leche de soja, y no es la alternativa de elección para estos niños alérgicos a la leche de vaca.  El arroz contiene fitatos (que se encuentran en legumbres y granos) que atrapan y bloquean la absorción del zinc e inducen su deficiencia.

La leche de cabra tampoco es una buena elección para los niños alérgicos a la leche de vaca.  Esta leche tiene más de un 90% de reactividad cruzada con la leche de vaca  y eso la convierte en una substitución de leche de vaca, inapropiada.

La leche de soja (soya) es nutricionalmente la mejor de las opciones, excepto en en niños que, además de alérgicos a la leche de vaca sufren de deficiencia de zinc.  Los fitatos de soja como los oligosacáridos de la leche de soja bloquean la absorción del zinc e inducen su deficiencia, como lo hacen los del arroz.  Estudios revelan que la absorción de zinc con la ingesta de leche humana es de 41%, mientras que con la leche de soja es de solamente un 14%.  Por esta razón, todas las leches de soja se fortifican con zinc, pero esto es insuficiente en niños con dermatitis atópica y deficiencia de zinc, por lo cual la leche de soja no es una indicación en niños con esta condición.

 

En las alergias a las leches, los hidrolizados de aminoacidos o proteínas (caseina) son las leches de primera línea y opción.