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Mantener el celular inteligente cerca todo el tiempo…no es tan inteligente

Durante la consulta clínica diaria, el consultorio de un pediatra se mantiene ocupado. Los pacientes en la Sala de Espera aparecen sin citas y aquellos con citas suelen aparecer más tarde de las horas convenidas. Todos tienen una razón para ello.

El médico tiene que resolver diferentes problemas con pacientes de diferentes edades y padres con diferentes necesidades. Los pacientes del pediatra, algunos están hospitalizados, otros están en sus casas, otros de vacaciones a la vuelta de la esquina o a cientos de miles de kilómetros de distancia. Hay otros esperando en la Sala de Espera. Esos, son los menos. Los otros tienen un “Smartphone” que resuelve el encuentro, o una “tableta” –no menos inteligente- que permite ver con letras más grandes, otros están frente a una computadora con múltiples imágenes y sitios para la atención del usuario, y, hay otros, que ni siquiera existen, tienen la virtualidad de estar en todas partes y en ninguna: constituyen las quejas de “¿y si le ocurre esto o aquello?”

 

Lo cierto es que desde que tomé la decisión de no atender estos “devices” inteligentes mientras atiendo pacientes de carne y hueso, voz y oído, tacto y emociones frente a mí, erro menos y el paciente queda mejor satisfecho. Mi consejo a mis colegas: en la oficina solo hay pacientes físicos y todos los demás que hagan fila para ser atendidos en “otro momento”. Ese “otro momento” es aquel que emerge cuando ya los pacientes, que hicieron presencia física en la consulta clínica, han sido atendidos como lo merecen.

 

La interrupción frecuente de la consulta en el consultorio médico, por la entrada imparable de llamadas telefónicas al celular, no pocas veces difíciles de descifrar por tanto ruido alrededor de quien llama, de mensajes por WhatsApp u alguna otra forma de “chats” y por correos electrónicos es la forma más expedita de crear inconformes e insatisfechos en la práctica o ejercicio de la medicina y la pediatría. No solo eso, sino que también es la forma más eficaz para convertirse en ineficaz, para equivocarse sobre la dolencia consultada, olvidar todo sobre la prescripción hecha, repetirse en interminables y hasta irracionales diálogos o monólogos improductivos.

El solo hecho de tener a mano o cerca, guardado en uno de los bolsillos de la camisa o de la bata, del pantalón o de la cartera multiuso ya afecta aspectos cognitivos del comportamiento y del análisis, distrae la atención hacia “el silencio” del teléfono o “el pendiente” de una llamada.

 

Un estudio reciente publicado en el Journal of the Association for Consumer Research y comentado en Harvard Health Publications, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, demostró que el rendimiento y la atención para resolver problemas dependen de dónde se deja o carga el “Smartphone”.

Las siguientes observaciones fueron validadas:

 

  • Las calificaciones fueron superiores cuando el teléfono inteligente estaba en el cuarto anexo a donde se hacía el trabajo
  • Las calificaciones fueron las más bajas cuando el teléfono inteligente estaba en el escritorio donde se hacía el trabajo
  • El impacto de la localización del teléfono inteligente fue más dramática entre aquellos que aceptaban una mayor dependencia a él
  • El efecto ejercido por el teléfono inteligente no cambió porque se tuviera apagado que en silencio, pantalla abajo que pantalla arriba

 

 

Muy claro el descubrimiento: tener el teléfono celular inteligente cerca al sitio donde se trabaja puede distraer aún cuando no se le use, es decir, no se conteste o se le tenga apagado o en silencio. Produce un lavado del cerebro.

 

Hay que tenerlo fuera del alcance de los ojos, de los oídos, de las manos, de la piel o del tacto. Lejos, lejos, bien lejos no importa que se caiga el mundo o se muera la mitad de la población que todavía no se ha muerto. Tomémonos un “break” del celular cuando estamos ocupados atendiendo pacientes físicamente en nuestros consultorios, en las salas hospitalarias o, incluso, en las casas, si hacemos visitas domiciliarias.

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