- Sep 18, 2021
- Pedro Vargas
- Educación Médica, MAESTROS DE MEDICINA, Otras Lecturas, Para Doctores
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La pandemia de COVID-19 nos ha planteado una serie de falencias en la educación médica, para aproximarnos al desconocimiento de una enfermedad nueva y las formas necesarias para plantearnos y encontrar soluciones a todo lo que ella implica. Es tan reciente el debate público, no solo entre personas de diversa formación y educación en medicina sino en otras profesiones y labores, que enumerar esas áreas defectuosas es fácil:
- El método científico
- La medicina basada en evidencia
- Epidemiología para la investigación
- Salud pública
- Las disparidades en la salud
- Rol de las migraciones humanas en la salud
- La ética de la bioética
- El profesionalismo médico
- La cultura humanista en la profesión médica
También la pandemia le abrió las puertas a la infodemia e infringió heridas profundas -y lo sigue haciendo- a la vulnerabilidad del ser humano frente al miedo y a la incertidumbre, como a la pobre o ninguna cultura médica de las poblaciones.
Pero, de repente, la pandemia nos ha obligado a transformar los procesos de atención de los pacientes como los de nuestra educación. Hoy contestamos consultas de los pacientes por videoconferencias, participamos como auditorio o como profesores de discusiones médicas y congresos mediante el uso de instrumentos como el zoom, estudiamos y aprendemos mediante lecciones no presenciales y a distancia, en las pantallas de nuestras computadoras o teléfonos celulares.
También hemos reconocido que tanto estudiantes como profesores necesitamos cuidarnos y que nos cuiden para asegurar el bienestar que fácilmente se pierde con el aislamiento social, con la distancia física, con los extensos y repetidos períodos de cuarentena, e incluso, con la cubierta parcial de nuestros rostros y la recurrente exposición a la enfermedad y la muerte, sin otros recursos que nuestro servicio. Entre ellas, medidas de mitigación y protección contra la infección por el SARS-CoV-2, que se han constituido en serios atentados a la salud mental de cada uno de nosotros. Las diversas consideraciones en el tapete empiezan a construir la escuela de medicina del futuro.
Sin apartarnos de aquellos postulados de la enseñanza médica de Flexner y de Osler, hoy podemos enriquecer esa educación con la exploración que nos obliga una situación nueva y global. En eso me comprometo con ustedes, a aprender. Les doy las gracias por ofrecerme esa oportunidad.
Como señalara al principio, una semana es un tiempo corto, pero puede ser un comienzo. Por ello, recurriré al encuentro con ustedes en la clínica o en el hospital, alguno de los escenarios donde ustedes practicarán medicina, al estudio de la literatura pertinente para que exploren el carácter crítico y analítico de la lectura en el aprendizaje, y, a alguna revisión obligada en forma de resúmenes, porque no hayamos tenido la oportunidad de revisar alguno de los tópicos que son necesarios compartir en esta etapa con ustedes.
El tiempo disponible es entonces escaso. Para sacarle ventajas hagamos juntos la enseñanza y el aprendizaje centrado en ustedes, en el estudiante y no en el maestro o el profesor. Observar en la clínica cómo se procede es un paso en ese sentido porque funciona como el facilitador para iniciar el cuestionamiento de cada uno de ustedes.
Si bien es cierto que la información orienta el acercamiento clínico, es el aprendizaje orientado en el problema lo que mejor rinde a ese aprendizaje. Y, otra vez, cada problema que un paciente presenta mientras hacemos la historia clínica, nos enseña mejor a escudriñar el diagnóstico diferencial, por ejemplo. Además, que la tecnología está orientada a encontrar la información desde el señalamiento del problema.
La medicina de hoy se practica en grupos. Grupos de profesionales de una misma especialidad y grupos interprofesionales. A eso debemos orientar nuestra responsabilidad clínica. A mejores interconsultas, mejores resultados. Mejores interconsultas indica que se hace necesario conocer y reconocer la formación excelente de quienes escogemos para hacer fluida la atención del paciente y su satisfacción. En el contexto de estas rotaciones, no hay oportunidad suficiente para reconocer el valor de la integración y el aprendizaje interprofesional, pero irá apareciendo en la medida que crecen ustedes en todos los ambientes clínicos de este período de formación médica.
Estas rotaciones en centros de salud pública y privados están diseñadas para orientar la práctica médica a la prevención, a la puntualidad en el diagnóstico y su causalidad, no su casualidad. Y se logra, a través del conocimiento de la comunidad y de la sociedad donde se ejerce y donde el individuo pierde la salud. Esto es otro de los nuevos pilares de la enseñanza médica, educar con la comunidad en mente. La medicina basada en el hospital no es medicina preventiva, lo es curativa y tiene un lugar importante en la formación del estudiante, pero es necesario que el estudiante salga de donde viene, y aprenda.
Finalmente, todos los años de experiencia y formación me han enseñado que el conocimiento es tan vasto y profundo hoy día, que jactarse de “saberlo todo” es un peligroso paso que debemos evitar. Lo que hay que conocer y saber es dónde encontrar la información que necesito, como qué necesario es realmente ahondar en un ejercicio diagnóstico o terapéutico sin la participación de un paciente bien informado. Humildad y prudencia son necesarios para entender esto y para respetar a nuestros pacientes. Es entonces importante que permitamos al estudiante elegir y no someter, las lecturas y aprendizajes que le son de interés, mientras al mismo tiempo se le educa en el desarrollo de habilidades que le permitan el análisis crítico de su aprendizaje. Esto solo es posible en la práctica del diálogo y el abandono del monólogo.
En la enseñanza médica ya nos adentramos en la era DC, “después del COVID”.
9 septiembre 2021.