- Jun 19, 2021
- Pedro Vargas
- Ciudadanía, Crianza, Delincuencia, Desarrollo Humano
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Los niños nacen con sentidos: entre ellos, el sentido de la visión, el sentido de la audición, el sentido del tacto. Y con ellos, aprenden.
No hay nada diferente a una pésima conducta nuestra, cuando le celebramos a un niño de 3 años pronunciar palabras obscenas, y no solo eso, sino más sorprendidos y eufóricos porque las ha usado en el lugar que bien corresponden, en la jerga de sus padres. Les condenamos cuando le espetan a la madre “el respeto se gana”, porque “es un atrevimiento”, cuando realmente es el resultado de, precisamente, un comportamiento irrespetuoso que el niño o la niña han sido testigos y han sufrido, por ser solo más pequeños o porque es la forma como la madre o el padre educan. No debe sorprendernos el chiquillo de 9 años de edad que le levanta la mano a la madre para pegarle y hasta le pega en la cara -no importa en qué lugar esté- porque eso lo ha visto hacer al padre, en el marco del hogar. Y, qué del padre que grita a toda voz y amenazante, a compañeros de su hijo en una cancha de juego, epítetos de “estúpido”, “bruto”, “lárgate”, “idiota” y otros términos degradantes por una pifia en una jugada. Su padre es un “bully” y su hijo será un “bully”, un matón, un atarbán, un acosador. Acaso, aupar que el escolar falsifique las firmas de sus padres en un boletín o una circular escolar, porque ni para eso tiene tiempo ninguno de los padres; y, luego, también celebrar que ellos falsifiquen certificados de salud, de vacunaciones o de laboratorios, ¿no es solo la continuidad de tal levedad? Y, qué aprende el niño, cuya familia mide prosperidad en la propiedad material, sin importarle ¿cómo se hace, de dónde viene, a costa de quién?
Nada diferente a la actitud del adulto que falsifica los hechos, no importa cuán absurdo e insolente sea la forma de hacerlo. No solo esto, sino que tiene cada vez más testigos que le aprenden para robar en las calles, o en las casas y comercios, cuando no a todos nosotros, en posiciones o funciones de la administración del Estado.