Hoy, se hacen padres sin recurrir a la gimnasia ni a la preparación para el logro del consenso, como se hacía a la vieja usanza. Hay menos cenas, música, lencería transparente o diversión. También, menos abrazos o ninguno hasta conocer resultados, antes era para obtener resultados. Tampoco hay mentiras o engaños, pero sí, muchas preguntas y cuestionamientos éticos.
La innovación y la tecnología llegaron a la reproducción humana para no “dejar en las manos de Dios”, el nacimiento de un hijo, de varios al mismo tiempo o de ninguno. Y, cada vez que el hombre se mete en estos caminos, desconocidos no solo por muchos siglos antes, sino hasta hace algunas recientes décadas, crea disputas religiosas, morales, legales y éticas. De allí que al analizar los resultados de la tecnología de reproducción asistida (TRA) emerja un racimo de cuestiones y preguntas que superan las respuestas, al paso que crece el abanico de técnicas, pruebas de laboratorios e intervenciones médicas y quirúrgicas. No se debe olvidar que las tecnologías de reproducción asistida son tecnologías de esperanza, “le dan esperanzas a las parejas de que la medicina puede revertir la adversidad”.
La TRA llegó para ayudar a la mujer infértil, para hacer padres y, en esa perspectiva, hacer hijos. La infertilidad femenina se acometió con la fertilización in vitro, en un tubo de ensayo, en un tubo de vidrio. Recordemos que la fecundación humana natural ocurre en las trompas de Falopio, dos estructuras tubulares que permiten a la célula reproductiva de la ovulación u óvulo, uno solo liberado de los ovarios cada mes, ser atrapado por sus fimbrias, como múltiples dedos, para viajar hacia la cavidad del útero, ya fertilizado en una de esas trompas. En la fertilización in vitro, se obtienen múltiples óvulos por aspiración gracias a la estimulación de la ovulación con medicamentos dados a la mujer en tratamiento. Estos folículos, con un óvulo cada uno, son extraídos de los ovarios por aspiración y se llevan fuera del cuerpo de la mujer para ser fertilizados en un tubo de vidrio. Así se forma un embrión mediante la exposición de células reproductivas de la mujer a las del hombre, espermatozoides del semen masculino, o por extracción e inyección del espermatozoide dentro de un óvulo (ICSI). Tres a 5 días más tarde, ya fecundados los óvulos, etapa embrionaria, se llevan nuevamente al cuerpo de la mujer para implantarlos en su útero. Allí, crecerán y se desarrollarán -uno o más- como bebés. Otros embriones se conservan bajo congelación en neveras especiales, hasta que sean necesarios para otra(s) implanatación(es).
La Inyección intracitoplásmica del espermatozoide o ICSI, es la inyección de un solo espermatozoide dentro de un óvulo y es la forma más frecuente de fertilización in vitro. Las tasas de éxito de la fertilización por TRA son aún modestas, alrededor del 25%. Otras intervenciones complementarias se han añadido a la TRA para mejorar los resultados deseados. El diagnóstico genético pre-implantación es uno de esos complementos. La tecnología ingresó al campo de la genética reproductiva –reprogenética – al sumar el diagnóstico genético pre-implantación, en consideración al alto porcentaje de anormalidades cromosómicas en los embriones producidos por fertilización in vitro observado en algunos estudios. Así se dieron generosos pasos para escoger niños sanos, evitar niños con serias enfermedades congénitas ligadas al sexo masculino, sortear costosas y serias enfermedades familiares, niños con retardo mental severo o con otras discapacidades muy limitantes y muertes tempranas.
Las diferentes indicaciones de la TRA y los buenos resultados atrajeron variados intereses dentro de los grupos de parejas, pacientes y médicos de la reproducción humana, que hicieron padres, produjeron beneplácito y, además, otros cuestionamientos, puntualmente en cuestiones de intereses divergentes y gustos personales de las parejas. ¿Se discrimina de género cuando los padres escogen tener un hijo varón o una hija mujer por TRA?
Ahora, la manipulación reproductiva hace niños con más de dos padres, padres con o sin úteros propios, cuando no, alquilados. En perspectiva están clonar individuos sin sus conocimientos ni consentimientos y, hacer bebés con gametos (las células reproductivas: espermatozoides y óvulos) de una sola persona o a partir de otras células no reproductivas o somáticas (de cabello o uñas, por ejemplo). Es decir, crear células reproductivas a partir de células no reproductivas, o gametos artificiales.
Las preguntas a todo esto abundan, las respuestas no, y cuando las hay, satisfacen a unos y no a otros. Todas resultan provocativas: ¿tienen los niños el derecho a que sus padres los diseñen?, ¿tienen los políticos la potestad de decidir sobre un embarazo y sus productos?, ¿qué son derechos reproductivos?, ¿debemos hacer niños con tres o más padres?, ¿querer concebir un niño sano se debe lograr a toda costa y costo?, ¿es mejor nunca haber nacido?, ¿existe el derecho a la muerte del feto? Estas y otras preguntas se repiten en textos y disertaciones. La ética siempre queda rezagada porque la tecnología viene acelerando a altas velocidades sin regulación del tráfico, que avanza a velocidades peligrosas y prohibidas.
Lo cierto es que las parejas se acercan al experto en fertilidad para tener un hijo sano. Este interés lleva a no pocas de ellas a hacer grandes sacrificios en la esperanza de alcanzar un embarazo y convertirse en padres. En este largo proceso aceptan grandes riesgos, sacrifican múltiples momentos, afrontan frustraciones, dolor y hasta desesperanza, pero siempre vuelve la fe en el logro. Esto, hace a la pareja vulnerable y al mismo tiempo que crea lazos de unión fuertes, también deja espacios sin cerrar, donde recurrirán, sentimientos encontrados, generados por pobres políticas de sanidad sobre la reproducción asistida y múltiples aristas éticas y legales, que poco se confrontan o discuten con las parejas.
En este escenario no puede desdeñarse la certeza de que la esperanza afecta o altera la capacidad del paciente para tomar una decisión autónoma sobre la TRA y siempre existirá el riesgo de que algún especialista dejará de respetarlo como individuo para verlo como una fuente de ingresos. El profesional que actúa ceñido a una práctica científica y ética no creará falsas esperanzas al paciente y frente a evidencias contundentes de la poca posibilidad de tenerse éxito en la fertilización artificial, lo dejará conocer a la pareja. Publicado en el diario La Prensa, de Panamá, el viernes 15/12/2023
Pedro Ernesto Vargas
Médico pediatra y neonatólogo