- Jun 13, 2023
- Pedro Vargas
- Bacterias y Virus, Catarro, Enfermedades infecciosas, Influenza
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La influenza es uno de los varios virus respiratorios que producen síntomas similares a los de otros resfriados, como algunos coronavirus, parientes del coronavirus que produjo la pandemia de covid-19.
Ellos circulan simultáneamente. La influenza es una enfermedad con brotes por temporadas y los virus que producen la infección tienen una gran capacidad de mutar para sobrevivir, como lo hace el SARS-CoV-2. Por ello, la vacunación recomendada con cada temporada produce protección variable.
Conocido el comportamiento del virus y la evidente gravedad de la enfermedad, se recomienda la vacunación a todas las personas y en todas las temporadas de la circulación del virus.
El virus tiene una proteína en su núcleo o antígeno, que lo identifica como A o como B, y cada uno tiene subtipos, que se determinan por antígenos en su superficie, conocidos como hemaglutinina (H) y neuroaminidasa (N). La hemaglutinina (H1, H2 y H3, en los humanos) facilita que el virus se adhiera a la célula del tejido respiratorio y la neuroaminidasa (N1 y N2) es la responsable de que el virus penetre al interior de la célula.
De allí esas denominaciones que se han hecho familiares: H1N1, H2H3, etc. La influenza A infecta a humanos y animales y produce enfermedad moderada a severa en todos los grupos de edad; el de la influenza B suele producir enfermedad menos severa y predominantemente en niños.
El período de incubación, entre la infección y los síntomas, suele ser de dos días, pero varía entre 1-4 días. Solo un 50% de los infectados presenta las molestias clásicas: fiebres, dolores musculares y articulares, dolor de garganta, tos no productiva y dolores de cabeza. La fiebre suele durar entre 2-3 días, rara vez hasta 5 días.
Con el brote actual, estamos observando fiebres muy altas y su duración es de 7-8 días. La aspirina no debe darse en niños con flu por el riesgo de producir una complicación fatal, el Síndrome de Reye.
La vacunación desde los 6 meses de edad es para toda la población aprobada, pero frente a la gravedad de un brote de influenza y la situación imprevista con escasez de la vacuna en algunas regiones, se recomienda que, en ellas, se vacune prioritariamente a dos grupos de personas: los niños menores de 2 años de edad y las personas mayores. Eso no significa que la vacuna solo se recomienda a estos dos grupos. De hecho, la vacunación está aprobada para todos los grupos etarios, a partir de los 6 meses de edad.
La estimación del número de casos de influenza en Estados Unidos entre los años 2019 a 2020 ha sido de 36 millones y el número de hospitalizaciones de 390,000. Hubo 25,000 muertes por influenza en ese período de tiempo.
La mortalidad ocurrió mayormente entre las personas de 65 años de edad o más y se calculó en 22.1 por cada 100,000 habitantes, seguido de 9.1 por cada 100,000 habitantes entre personas de 50 a 64 años. En niños menores de 4 años de edad, estuvo en 1.8 por cada 100,000 habitantes. La mayoría de las muertes es secundaria a neumonías.
Las estimaciones preliminares para la temporada del 2022 y 2023 revelan entre 27 millones a 54 millones de enfermos; 12 a 26 consultas médicas; 300,000 a 650,000 hospitalizaciones, y entre 19,000 a 58,000 defunciones por influenza. La influenza no es una enfermedad reportable, por eso es imposible conocer el número exacto de casos y se trabaja con la “carga acumulada” de la enfermedad, mediante estimaciones de semana a semana.
De allí que sea irresponsable señalar, con ligereza y gravedad, que los organismos de salud “manufacturan el miedo” con la temporada del flu.
Los estragos de la influenza varían de año a año. Dependen de qué virus están circulando, cuántas personas reciben la vacuna y que eficiente sea la vacuna cada año. Así como fuimos conociendo periódicamente de las múltiples mutaciones del SARS-CoV-2, de la pandemia de covid-19, así también los virus de la influenza mutan prontamente y los muchos enfermos son infectados por estas nuevas cepas o variaciones mutantes.
Es cierto que la mayor parte de los enfermos con influenza se recupera sin intervención médica; sin embargo, la influenza y neumonía son la causa que lidera la mortalidad en los Estados Unidos. Precisamente son los niños, las embarazadas, las personas mayores de edad y aquellos con otras enfermedades debilitantes -las llamamos comorbilidades o que viven en hogares de ancianos- quienes están a mayores riesgos de contraer neumonía con el flu.
Los virus del flu producen una extensa inflamación y daño de la cubierta de las vías respiratorias, los bronquios, y del mismo tejido pulmonar, lo que hace que estos sitios sean invadidos con gran facilidad por agresivas bacterias, que complican el curso de la infección viral. A esto le llamamos infección secundaria y es seria porque la neumonía se complica con la infección en la sangre que produce septicemia y un alto riesgo de mortalidad.
La forma más eficaz de prevenir la infección por los virus de la influenza es la vacunación anual contra ella. La recomendación es vacunar a todas las personas desde los 6 meses de edad y todos los años. Solamente frente a escasez probada se prioriza la vacunación para las personas mayores, los niños, las embarazadas y las personas con co-morbilidades, las grandes víctimas de la influenza y otras enfermedades respiratorias, durante los brotes o las epidemias.
Estas vacunas que son seguras, deben ser accesibles y gratuitas en los servicios de salud pública; sin embargo, grandes poblaciones dejan de recibirlas por desinformación (“eso es una gripe, nada más”, “yo no me enfermo nunca”, “me enfermo cada vez que me vacuno”, “se manufactura el miedo a la influenza H1N1″, “vacunar es un negocio”, “no le podemos vacunar porque está resfriado”, “con fiebres no se vacuna”, etc.), por deficientes recursos aprobados para su consecución por los gobiernos nacionales, particularmente lo de las democracias fallidas, que desafortunadamente se ocultan con razones inciertas o falsas para no vacunar. En nuestros países, no siempre la vacunación es pobre por la renuencia de los individuos a vacunarse, sino por un sistema de salud empobrecido.
“Todos los años” no significa que, si me vacune en octubre de 2022, mi próxima vacuna es en octubre de 2023. La vacuna es una de temporada y el término anual significa que se debe recibir cuando está por iniciarse la “temporada de flu”. En Estados Unidos, es con la entrada del otoño; en Panamá, con la temporada de lluvias a partir del mes de marzo o abril. La persona vacunada debe conocer qué vacuna contra el flu se le está administrando, es decir, para qué variedad de virus de influenza se vacuna y a qué temporada corresponde.
Es importante también conocer cuál es la fecha de vencimiento de esa vacuna y cuál es su número de lote. Esta información se debe no solo suministrar sino apuntar en una libreta o historial de vacunas de la persona, ya sea que le fue aplicada en una institución de salud pública o en una privada.
Y si usted pertenece a uno de los grupos de edad que se complicarían con el flu, solicite que también le vacunen contra neumonía por pneumococo si nunca se ha vacunado contra ella o si es candidata para recibir el refuerzo de la vacuna.
La segunda medida higiénica eficaz para evitar o dificultar la infección por la influenza es el uso de máscara facial y el lavado de las manos. Usted ya conoce cómo puede protegerse; es su turno ahora. Publicado por el diario La Prensa, de Panamá, el viernes 9 de junio de 2023.