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Entre los estudios que se han publicado sobre este asunto de la miocarditis aguda con la 2ª. dosis de las vacunas en base a mRNA, y que han producido más ruidos y desencuentros, el de Tracy Beth Hoeg[1], de la Universidad de California en Davis es citado con bombos y platillos por los antivacunas, y rechazado por grupos científicos que lo han escrudriñado cuidadosamente, por la gravedad de la información, aún no refrendada por sus pares.

Tracy tiene un PhD en epidemiología y salud pública de la Universidad de Copenhagen, y su especialidad médica es Medicina Física y Rehabilitación.  Sus otros colaboradores son el Dr. John Mandrola, un electrofisiólogo cardíaco, afiliado al Baptist Health en Louisville, Kentucky; Josh Stevenson, un ingeniero en sistemas computacionales, “experto en visualización de data”, quien pertenece a Rational Ground, la organización que menciono en el siguiente párrafo; Allison Krug, epidemiólogo y Master en Salud Pública, quien labora en Artemis Biomedical Communications.

Me he tomado el tiempo de conocer este estudio porque de forma, para mí, irresponsable o en coherente actitud de complicidad con la filosofía anti vacunas y anti ciencia, se ha “colgado” en las redes como la opinión de uno de sus autores.  Este autor en referencia, pertenece al grupo “Rational Ground”, que promociona no usar máscara y no hacer aislamiento domiciliario, entre otras posturas contra las medidas universales de mitigación de la pandemia.

Desde la lectura inicial de este “paper” sin revisión de pares, es muy fácil reconocer sus fallas en la fuente de la colección de la data y en su diseño.

Utilizando la data del VAERS, este grupo hizo una revisión epidemiológica retrospectiva de reportes hechos entre enero 1, 2021 y junio 18 del 2021, en busca de adolescentes que habían recibido la vacuna mRNA contra COVID-19 y en cuyas cuadrículas apareciera la palabra dolor al pecho, miocarditis, pericarditis, miopericarditis y la palabra troponina, en los exámenes de laboratorios, para entonces hacer un análisis de riesgo beneficio.  Se obtuvieron resultados de 257 casos con eventos cardíacos adverso (CAE) entre los vacunados y se calculó incidencia por millón de vacunados:

  • Varones 12-15 años      2/millón vacunados
  • Varones 16-17 años    94/millón vacunados
  • Mujeres 12-15 años      0/millón vacunados
  • Mujeres 16-17 años      4/ millón vacunaos

 

Calcularon entonces, que el riesgo para desarrollar miocarditis en los varones de 12-15 años era 3.7 a 6.1 veces mayor que los riesgos de ser hospitalizado por COVID-19 en 120 días en agosto 21, 2021 y aún era entre 2.6 a 4.3 veces mayor, en una semana de alta hospitalización, como sería en enero de 2021.  En suma, el estudio sugirió que los riesgos de eventos cardíacos adversos para los varones entre 12-15 años era superior al riesgo de hospitalización por COVID-19 y las cifras eran muy superiores a las estimadas por el CDC, e igualmente para los varones entre 12 y 17 años.  Los cálculos de los riesgos para estos eventos cardíacos adversos fueron de 162.2 y 94.0 por millón, para los varones de 12-15 años y los varones de 16-17 años de edad, respectivamente.

 

Este estudio se basó, desafortunadamente, en data con muchas limitaciones para ser consideradas válidas o validadas, una de ellas, la que arroja VAERS, que confía en la información remitida a ellos de efectos adversos, sin tener un mecanismo para comprobar esa información.  Esta fuente no se considera como un sitio predecible para buscar data científicamente calificada. VAERS solo se utiliza como un sistema de alarma, algo que los autores del estudio conocen muy bien. Por ello, ya alguno le ha calificado a este estudio como “un buceo por basura”, de intenciones no necesariamente higiénicas. De hecho, inmediatamente fue utilizada con intenciones políticas para combatir la vacunación, por el partido republicano, en la persona de la Representante Marjorie Taylor Green, quien ha reconocido ser activa miembro y admiradora de la organización QAnon, un centro de origen y divulgación de teorías de conspiración y falsedades, que floreció en la administración Trump.[2]

La Dra. Hoeg señaló en un cuestionario periodístico que ellos utilizaron las mismas definiciones de miocarditis que usa el CDC, para hacer las estimaciones con la data de VAERS y que VAERS suele hacer estimaciones de prevalencia de efectos adversos, inferiores a las reales. Las críticas a este argumento es que si usa el criterio de CDC para aplicarlo a data que no es del CDC, el análisis está viciado, particularmente porque VAERS no hace el trabajo de validar la información que se le da, que entonces obligaría a investigar si existe o no una correlación entre un evento y la vacunación. Por otro lado si los datos obtenidos de VAERS son un subregistro, ¿por qué utilizarlos?  Además, se crea la sospecha que no toda la data proviene de la fuente señalada, sino que incluso “podría referirse a data previamente adjudicada a reportes del CDC”.

No debe existir vergüenza por equivocarse o errar en el diseño de un estudio, sino por utilizarlo con propósitos aviesos no descritos pero descubiertos, como ha ocurrido antes.  Esta vez, la prensa no ha perdonado el mal hábito.

 

[1] Hoeg TB, Krug A, Stevenson J & Mandrola J: SARS-CoV-2 mRNA Vaccination-Associated Myocarditis in Children Ages 12-17: A Stratified National Database Analysis. medRxxiv

[2] Kristina Fiore: Myocarditis VAERS Analysis Sparks Social Media Uproar. MedPage Today. September 15, 2021

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