- Abr 30, 2020
- Pedro Vargas
- Adolescentes, Ansiedad, Coronavirus, COVID-19, Crianza, Cultura médica, Depresión, El niño, Enfermedades Psiquiátricas, Medios, Niños, Padres, Reflexiones, Rompamos el silencio, Salud Mental, Salud Pública, Sociedad
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Uno de cada cinco niños de Wuhan, China, presenta ansiedad y depresión después de un confinamiento de largos 4 meses. Los riesgos del confinamiento prolongado de la cuarentena por el Covid-19, que emergen como serios, son el uso de drogas psicoactivas, la violencia doméstica contra la mujer y el maltrato y abuso de los niños. A esta realidad es necesario ofrecer algunos instrumentos a los padres para manejar el comportamiento y quehacer de los niños.
La densidad de información sobre esta pandemia ha saturado la capacidad humana del análisis que se merece y, crea con ello, una serie de afirmaciones hoy, que se desmiente mañana. Por ello, la prudencia sigue siendo la postura con menos daño colateral. Debemos serlo, por ejemplo, al afirmar que los niños son un reservorio importante del virus del Covid-19 y que ellos originarían más y nuevas infecciones, con particular gravedad, en grupos de riesgo. Esto conduce a que los niños no visiten a los abuelos, y los abuelos no visiten a los niños. Al sugerir un aislamiento social, se produce uno emocional. Hay formas de facilitar la comunicación emocional, sin que el instrumento sea la presencia física.
Quizás por ello, “no dejen salir a los niños”, aunque tiene valor en el propósito de no arriesgar la salud de los adultos y los adultos más queridos, también es un indeseable factor negativo sobre la salud emocional y mental de los niños. Cuando todo esto acabe y se conozcan mejor todos los rastros que dejó el Sars-CoV-2, entonces diremos si fuimos cuidadosos, asertivos o temerosos. Hoy, todavía la información es poca e incompleta.
Cerradas las escuelas y los gimnasios, las madres se encuentran con una situación que origina mucho stress: los niños están en la casa y la quieren volver al revés, las tareas no solo son “exageradas”, sino que son para ellas, porque a sus hijos ni siquiera les enseñaron cómo estudiar, qué preguntar, cómo investigar, qué y cómo aprender. No se puede salir huyendo, porque hay que permanecer en casa. La violencia doméstica asecha. La de los gestos, la verbal y la física. Ni siquiera reconocerán los adultos estas manifestaciones de abuso. Y, no menos importante, ante la realidad de contar en la familia con personas que reconozcan o no que sufren un trastorno de uso de alcohol, por ejemplo, nada extraño es la violencia doméstica disparada por la abstinencia.
Qué oportunidad tienen los padres hoy, para aprender y para enseñar compartir, tolerancia y solidaridad, para abandonar la competitividad salvaje como forma de surgir o sentirse superior, para cuidarse a si mismo y cuidar al Otro, para no consumirse en el consumismo, para no caer en el cansancio, el agotamiento, la desesperanza.
Aproveche el tiempo valioso de hoy con sus hijos. No desatienda sus preguntas ni ignore señales de la preocupación que los aqueja. Cuídese del lenguaje no verbal. Los niños se dan cuenta de todo. No se les puede mentir ni engañar. Pregúnteles cuánto conocen de lo que oye y se habla, hábleles con honestidad -que se nota- y confórtelos. Es necesario crearles seguridad y confianza. Si no conoce una respuesta, dígalo. Sea amable cuando escucha y cuando les habla. Permítales que expresen sus temores. Y haga de la casa un lugar donde él y ella se sientan seguros y protegidos. Enséñeles el lavado de las manos, a evitar estar tocándose la cara, estructure sus horarios de sueño y sus actividades de trabajo, físicas o de juegos y placer.
No toda señal de temor o incertidumbre en su hijo indica que tiene un enfermo en casa que hay que medicar. La ansiedad, el stress, los temores son todos normales frente a situaciones nuevas, situaciones que se desconocen o situaciones que atentan contra la integridad de las personas. Hable de eso puntualmente y con honestidad. Las redes son hoy instrumento que se utiliza para intereses variados, y entre ellos, de personas con aviesos propósitos para desestabilizar, para mentir, para alimentar la morbosidad como la vulgaridad. Aproveche para enseñarle el respeto por la verdad.
También tiene Ud. instrumentos que bien utilizados facilitan la comunicación a sus hijos con otros miembros de su familia, con sus amigos, con sus maestros. Establezca un horario para llamadas telefónicas, para comunicación por video conferencia e, incluso, para que ver programas de televisión que Ud. conoce y supervisa. Y, no todo lo que se hable hoy día debe estar dirigido al denominador común impuesto por la pandemia. Hay tiempo para conversar de tópicos que siempre le interesaron a su hijo. Es el tiempo para oír y hablar con su hijo, para conocerlo mejor. 30/4/2020