
- Jun 12, 2017
- Pedro Vargas
- Adminstración de Salud, Cultura médica, Medios electrónicos, Práctica Médica
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¿Por qué un pediatra o cualquier otro médico, recibe regularmente entre 40 y 80 consultas por WhatsApp, si tiene una asequible dirección de su consultorio o acaba de examinar a su hijo o al paciente?
¿Por qué la consulta por WhatsApp es siempre urgente?
¿Por qué la consulta se urgencia cuando Ud. ha regresado de la playa, o cuando se acabó la fiesta familiar o la religiosa?
Estas preguntas nos las hacemos los pediatras y los colegas en general. Mis pacientes, madres o padres de niños encantadores y sanos hacen otras preguntas:
- Doctor, buenos días, ¿puede llamar a la Farmacia o al Laboratorio, porque quieren saber de qué medicina de la tos les estoy hablando? o, ¿qué exámenes le hacen a la niña que tiene diarrea?
- le estoy dando Tylenol a mi Raulín desde ayer porque tiene fiebre, ¿cuál es la dosis?
- me voy de viaje ahora en una hora y tengo que estar en el aeropuerto pero quiero que me diga ¿qué medicinas me llevo para comprarlas ahora que salgo del Salón?
- Doctor, perdone otra vez, pero se me olvidó la dosis del Tylenol, ¿cuál es?
- Doctor, son las 3 de la tarde y tenía cita con Ud. a esta hora, ¿me llama cuando puedo llegar?
- ¿Me puede recomendar un neumólogo para el resfriado de Pepito?
- ¿Doctor me da mucha pena molestarlo tan temprano (7 a.m.) hoy domingo, pero es que Adrianita tiene una semana que no hace pupú
- Ya tengo el resultado del cultivo que me mandó por teléfono, ¿me copia la receta a mi WhatsApp para irla a comprar?
Aunque le parezcan una exageración o se esté riendo o llorando, esto es una mini muestra del diario acontecer de los últimos años. La comunicación hoy día tiene que ser instantánea e irrevocable. Recuerdo que antes nadie se moría tan rápido y tan en cualquier sitio, se podía esperar que el doctor llegara a un sitio seguro para contestar el teléfono. Ahora se le exige –y entre más comete faltas contra las reglas del tránsito, es mejor médico- que chateé mientras maneja, hable por teléfono en el comedor mientras cena con su familia, o tenga un celular a prueba de agua para meterse a la ducha sin riesgo de demorarse en contestar, o que lo pueda rescatar de la taza del escusado porsi ocurrió un descuido entre contestar la llamada del paciente y la de su intestino.
El padre o la madre, y extremadamente rara vez, el paciente pediátrico, tienen urgencias urgentes. Como decía el General, que sí tenía quién le escribiera, “de quién es la urgencia”, cuando lo interrumpía su escolta por: “mi General, tiene una llamada urgente”.
Resulta ser que la urgencia termina tan pronto se le ocurren al médico las mágicas palabras:
– “vámonos para Urgencias”.
– “Ay doctor, no es para tanto” ¿?
O:
– “tráigalo a la clínica”
– “Ay, yo solo quería una medicina”
O:
– “yo lo puedo ver antes y te refiero a un especialista, si es necesario”
– “no se preocupe, no es necesario”
Cuando una urgencia es real, ir a un cuarto de Urgencias o al consultorio es una solución apropiada. El diagnóstico médico requiere, además de escuchar atento la historia que dan los padres -en el caso de los niños enfermos- que se realice un examen pormenorizado del enfermo. Entonces, los riesgos de equívocos son menores y el manejo de la enfermedad sería más eficaz y pronto.
Lo que ha ocurrido en los últimos años es que el acceso a un teléfono celular y a un software como el WhatsApp se han facilitado como la web permite gozar de comunicaciones audiovisuales. Todo esto deja tiempo para cosas más importantes que sí requieren en el concepto de las personas, la presencia física: irse a almorzar con los o las amigas, irse de compra, ir al salón de belleza o al SPA, ir al gimnasio y, como corolario y no fuera poco –porque las consultas se han encarecido- ahorrarse unos reales de la consulta, que sirven para todo lo anterior.
Responder a todas las consultas o llamadas por WhatsApp es imposible, pero además, es potencialmente riesgoso. Por un lado, no es lo mismo la descripción de un problema por un padre preocupado y ansioso, que los hallazgos durante un examen médico. Las fotografías son un desfalco, generalmente magnifican las lesiones y los colores las dramatizan, lo que hace ver una gravedad inexistente. Mi mejor consejo al colega: deje claro que no hace visitas médicas por teléfono ni WhatsApp.
La catarata de llamadas insulsas e incoloras lo único que logran es congestionar el tráfico de problemas serios en la consulta de un médico que ya está ocupado. Mi mejor consejo al colega: no conteste preguntas que no tienen sentido o que ya Ud. o el mismo paciente ha contestado.
El material de un teléfono se puede usar en un juzgado contra la acción de un médico. Y, si esa acción está dictada por las imperfecciones de la comunicación, quienes pierden son el paciente y el médico. Mi consejo al colega: protéjase contra la mala práctica de resolver problemas médicos fuera del consultorio.
En la práctica pediátrica, el riesgo más serio que afrenta hoy el niño es priorizar el mensaje electrónico como la consulta higiénica y médica; y en esta época de tanta desinformación, su teléfono o su correo electrónico se saturan con cuanta locura los pacientes leen en Internet. Cuídese de no constituirse en un instrumento de esta vorágine.