
- Oct 18, 2018
- Pedro Vargas
- Adicciones, Marihuana, Marihuana Medicinal, Marihuana recreativa
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Hay una serie de argumentos entre quienes se oponen a que se divulgue literatura científica sobre el uso de la marihuana y sus efectos en la salud, o entre quienes tocan los aspectos legales del uso de drogas y estupefacientes, consumidores, traficantes, crimen y “guerra contra las drogas”. En esa nube de no pocos improperios, el aspecto ético ni aparece. Explotar la vulnerabilidad y las emociones aleja de la verdad.
El consumo de substancias que disminuyen la capacidad cognitiva del individuo, que afectan negativamente su contribución productiva a una sociedad con bienestar, que deterioran la posibilidad del éxito en la vida de adulto, y que secuestran el camino a la felicidad es mucho más importante en toda discusión que si una sobredosis mata o si su tráfico asesina comerciantes. De verdad que no aspiro a que Ud. lo mire en esta perspectiva, pero esa es la perspectiva que yo enfoco como médico pediatra cuando ingreso en la discusión del trastorno de uso de marihuana, alcohol y otras drogas.
Tampoco es si la sociedad la prohíbe o la celebra. Si está en todas las reuniones familiares, sociales o de trabajo. Si se las discute con equilibrio entre grupos de personas atentas y preocupadas. Y, aunque sean parte de los ingredientes los argumentos de quienes la consumen y la comercian, esos argumentos tienen un interés muy diferente al interés académico y científico por resolver interrogantes y por establecer pautas para las políticas de salud pública e individual.
Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de los Estados Unidos reconoce, como lo reconozco yo, que la condición de droga Clase 1 de la marihuana, clasificación por el FDA (Food and Drug Administration) de los Estados Unidos, es uno de los factores que limita la investigación sobre los efectos de la marihuana en la salud.
Esta clasificación no es por mala fe. La clasificación obedece a que su uso médico no está establecido (no se establece en base a anécdotas o estudios con un diseño inapropiado), el riesgo grande de abuso, y su probada toxicidad. Pero aunque se avanza lentamente en la obtención de más y mejor data, lo que se establece en base a estudios apropiados es lo que hoy constituye la fuente de los argumentos que la ciencia utiliza.
En base a esto, yo considero que el uso de marihuana medicinal en los niños no debe aprobarse ligeramente como si no tuviera riesgos –igual que con otras substancias que se utilizan en medicina pediátrica. Sostengo que cambiar de manos el negocio del cultivo, producción y venta de estupefacientes no resuelve sus riesgos. Considero al adicto a la marihuana, alcohol y drogas como un enfermo y no como un delincuente, por lo que no favorezco la penalización del consumo sino su manejo científico médico, tanto individual como comunitario. Y, por último, que en salud pública no es una guerra más lo que necesitamos, sino medidas higiénicas probadas.