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Es de una ignorancia perversa atreverse a decir que los hijos que se le arrancan de sus brazos a sus padres, como hace hoy la administración norteamericana con aquellos que quieren entrar a ese país- están “bien cuidados” porque se les da comida, techo y alguna medicina.  Esto “ofende y agravia a la humanidad en conjunto”, con lo que se define un crimen de lesa humanidad.  Hay un grado de violencia no calculado ni jamás observado en este hemisferio.

 

Nada ni nadie reemplaza el cuidado y el amor que una madre o un padre le dan a su hijo en momentos de incertidumbre o de adversidad.  Esa administración gringa debe ser llevada a la Corte Penal Internacional  por tal crimen de lesa humanidad.  Más de 2,000 niños –al día de hoy- en tales condiciones inhumanas -y los números seguirán subiendo-  mientras sus padres son deportados y obligados a dejar sus hijos en el camino son una nube densa y opaca que se cierne sobre la conciencia de los hombres de bien.  ¿Qué clase de seres son capaces de tanta violencia contra los niños?

 

A estos niños –huérfanos con padres vivos- se les tortura con esta separación.  Se les marca la vida con desconfianza, con desesperanza, con horror y terror.  Hemos oído la súplica y el llanto de niños que empiezan a crecer y se enfrentan, sin armas que da la vida a lo largo de los años, a un absurdo que raya en la tortura y en el crimen.  Para ellos, sus padres han desaparecido y la desaparición ha sido forzada. Pero, aquellas autoridades, ni siquiera escuchan el clamor porque se les lleve con un familiar que necesitan ver y abrazar. No puedo asegurar si Melania conoce historias similares creadas por la brutalidad de los tantos invasores de su tierra de nacimiento.  Pero debe conocerlas.  ¿Se las podrá contar al oído a ese hombre que quizás vea en la noche?

 

Hay que ser muy perverso, muy cínico, muy inhumano.  Hay que haber nacido sin madre o no haberla gozado durante la niñez, para tomar decisiones como las que toma y seguirá tomando la Administración Trump.  Es importante señalarlo que esta decisión no es suya solamente, y si lo fue en algún momento, se la honran el Procurador General de los EEUU y sus consejeros, muchos de sus co-partidarios en las diferentes cámaras, e incluso, muchos de los que por él votaron en las más amañadas elecciones que se han dado en ese país.

 

El derecho inalienable del niño, después del derecho a la vida, es el derecho a vivir en familia.  La Convención sobre los Derechos del Niño, no solo recoge 54 artículos sobre derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos, sino que es el tratado más ratificado de la historia  y su cumplimiento obliga a rendir cuentas de las acciones tomadas por los gobiernos.  ¿Dónde están los 194 países que han firmado esta Convención ahora que se requiere levanten con firmeza la voz contra tal atroz crimen que se lleva a cabo en la frontera Sur de los EEUU?  ¿Dónde está la voz y la postura de gobernantes que dicen adherirse a los principios de respeto a la vida humana y a las libertades, sigan o no sigan algún credo?

 

Separar a los niños de sus padres por razones como las que arguye la Administración Trump es abuso y maltrato del niño, una conducta y un delito que nace de una infancia violenta de quien ahora practica la misma violencia.  Pero eso, si lo explica, no lo justifica.  El grado de stress al que se someten a estos niños en la frontera norteamericana es tóxico al punto de que afectará negativamente el desarrollo cognitivo de ellos, su lenguaje, su confianza, su carácter y personalidad.  Es pasar por encima del principio del “Mejor Interés del Niño”, es abortar o cercenar su bienestar.  Y, como si fuera poco, se le ha prohibido a quienes visitan ese lugar que se consuele a los niños.  Hasta los animales protegen y confortan a su cría.  ¿Estas gentes serán una clase de animal que pensamos no volveríamos a ver después del holocausto nazi?

 

Los niños necesitan la presencia física de sus padres, necesitan el amor y el cuidado de ellos, es como se nutre su crecimiento y su desarrollo para que sea óptimo, desde el desarrollo del cerebro, de su arquitectura.  La separación a cualquier edad es nociva, es inaceptable por políticas de inmigración absurdas, pero antes de los 5 años de edad, los dañinos efectos de esta separación son incalculables.  Hay que ser muy canalla, muy ignorante, muy estúpido para decir sin timidez alguna que “algunos de estos niños son unos actores”.

 

Quiero ver mi gobierno y mi gobernante alzar su voz con prontitud, con intensidad, con mensaje de denso contenido en Derechos Humanos y caridad cristiana -que dice profesar- no importa que hoy sea contra un país grande, un gobierno fuerte y un pueblo de inmigrantes que parecen decididos a olvidar su historia y trayectoria por los derechos, aislarse de la civilización y abrazar la inmoralidad.   19/6/2018

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