Call: +507 269-9874
Address: Consultorios Médicos Paitilla

No recuerdo cuál fue el primer paciente que se muriera frente a mí, como no recuerdo cuántos tubos de tórax inserté con urgencia en el frágil tórax de mis prematuros más enfermos o, a cuántos entubé su tráquea o coloqué en un respirador, durante los años de entrenamiento en neonatología, en EU.  No llevo estadísticas -porque no estaba ni he estado en un concurso de Guinnes- y solo pienso que fueron muchos más de los que hubiera querido y muchos menos de los que pudieron ser, y que los tiempos de aprendizaje los cursaba con respeto, entusiasmo, esperanza, dedicación y dignidad.

El enfermo nos dona su enfermedad para aprender, se convierte en un maestro para nosotros, como dona su cuerpo rígido nuestro primer paciente y primer maestro, en la clase de anatomía. No solo los hallazgos de la ciencia nos educan, los pacientes lo hacen desde la vulnerabilidad de sus funciones biológicas y sus emociones atropelladas por el dolor y la desesperanza.

El aprendizaje en Medicina no es solo hacer una residencia de especialidad, el aprendizaje esencial del estudiante es el de liderar en la sociedad donde se planta a vivir y a vivirla. La escuela de Medicina hoy debe formar para hacer líderes, líderes que escuchan, que revelan sincera empatía por el Otro, que conocen el dolor, las limitaciones y restricciones que estorban la felicidad, la abundancia del egoísmo y la pobreza de la solidaridad, que perciben las preguntas, que no tienen todas las respuestas, pero las exploran, y que sienten los temblores del temor y de la muerte.

Ya no es válido enseñar y exigir la salvaje disociación ideo-afectiva en la formación deshumanizante del estudiante de Medicina.  El mensaje que sana es el mensajero, es el que conecta al médico con el hombre enfermo. La escuela de Medicina se hace en la comunidad, con la comunidad, para la comunidad.  El anfiteatro y las salas de conferencias seguirán existiendo, pero el escenario de la enseñanza médica está afuera de aquellos recintos, sagrados de otrora tiempos.

Muchos desconocen o ignoran que al estudiante de Medicina se le exige certeza, aún en la incertidumbre; corrección, en un mar de equívocos e imprecisiones; respeto, cuando no se le respeta ni siquiera su tiempo y su dignidad.  El tiempo de los profesores que levantan la voz, que lanzan improperios dañinos a la estima, que se creen superiores entre todos los seres humanos, ha muerto.  El maestro no es más digno como ser humano que el alumno, y frente a la humildad de quien aprende, debe reconocer la importancia de la humildad en quien enseña.  Si la Medicina Académica ha de lucir un logro imperecedero es que en el aprendizaje, pacientes, estudiantes y mentores somos socios. Es ya plenamente aceptado que la enseñanza unidireccional, unilateral y vertical de la Medicina no es apropiada.

Es aquí en esta relación donde el estudiante conoce su comunidad y aprende el liderazgo que esta le exige.  Además, el paciente, quien no es más y no es menos que otro miembro de la comunidad, puede y debe ser parte de los comités de admisiones en las escuelas de Medicina, otro evaluador del rendimiento de los estudiantes, propulsor de la investigación clínica y eficiente generador de fondos y finanzas. Así se hace la trocha para enfrentar las disparidades sociales, que se reflejan en la atención médica y en el estado de la salud de las comunidades más vulnerables. Así ha de hacerse la enseñanza de la Medicina para formar un clínico y/o un investigador, que sea factor de cambio en la sociedad donde vive y ejerce.  27/11/2021

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.