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Difteria, tétanos, tos ferina y polio (DTaP y polio)

 

Muchos de los aspectos generales de las vacunas que hoy comienzan a descubrir las personas, a raíz de la explosión de divulgación de información por la pandemia, le son comunes a todas ellas.  Y todas ellas, nos referimos a aquellas vacunas que usan otro virus como vector de la partícula viral, que nos permitirá reconocer el intento de entrada del virus a neutralizar; aquellas, que son el mismo virus, pero atenuado o una porción inerte de ese virus, que no produce enfermedad.

 

La pandemia ha obstaculizado la vacunación regular y probada de los niños, ya sea porque la ha postergado o porque los recursos humanos para vacunar han sido desviados para otras loables funciones higiénicas, prioritarias en el concepto de algunos, de mucho costo, en el concepto de otros, como yo.

 

Ahora quisiera darles información importante y sucintamente, de algunas de las vacunas que hemos utilizado por muchos años y, seguramente, ustedes conocen poco.  Uno de los precios de la rutina.  Por razón de espacio no cubriré todas las vacunas de la primera infancia.

 

Difteria, tos ferina, tétanos y polio son vacunas que muchos hemos recibido, en todas partes de los varios continentes.  Ellas hoy se aplican todas juntas, ya que se dispensan en un solo vial, como las prepara la industria.  Esto no es lo mismo que mezcladas.  Los biológicos separados, que poco se consiguen, no pueden ser mezclados en la misma jeringa por quien vacuna.  El proceso para aplicarlas simultáneamente, que sigue la industria, es muy cuidadoso para que la capacidad de proteger no varíe, para que se mantenga la seguridad de la vacunación y para que no se incrementen los efectos adversos. El uso simultáneo de vacunas agrupadas permite en menos tiempo proteger contra un mayor número de enfermedades infecciosas de la niñez. Alrededor de 1 en 10 o 20 personas con difteria mueren.

 

La vacuna contra la difteria protege contra una bacteria que puede obstruir la tráquea, asfixiar al niño o al adulto y causar la muerte.  Esta bacteria también inflama el músculo cardíaco, que conduce a falla del corazón y produce parálisis del infectado.  La vacuna contra el tétanos protege contra una bacteria que puede producir dolores musculares severos por contracturas de los mismos (espasmos musculares) que son además tan sensibles, que se contraen severamente con solo tocarlos.  Cuando los músculos de la respiración son afectados, el tórax del paciente infectado se hace rígido y no facilita la entrada y salida de aire a los pulmones.  Paraliza la función respiratoria y el paciente puede morir por ello.  Las personas recuerdan esta enfermedad porque también contrae dolorosamente los músculos de la mandíbula o “quijada”, y dificulta marcadamente la masticación y la deglución de los alimentos.  El tétanos también produce convulsiones y se calcula que 1 de cada 5 personas infectadas mueren por tétanos.

 

La vacuna contra la tos ferina es también una para proteger contra una bacteria.  Esta bacteria causa ataques severos e imparables de tos que, a los bebés y a los niños, les impide comer, tomar líquidos e inclusive respirar.  Los niños no oxigenan bien con estos ataques de tos, pobre oxigenación que deja secuelas cognitivas entre algunos de los que superan la enfermedad.  De estos ataques de tos los niños presentan sangrados o hemorragias alrededor de los ojos, pueden fracturar sus costillas por el esfuerzo de la tos, se producen hernias que requerirán cirugía, se producen neumonías serias, sangrado cerebral y daño, como la muerte.  En la medida que estas vacunas no se apliquen, la inmunidad de rebaño se irá perdiendo y el riesgo de enfermar será serio para todos, particularmente para los recién nacidos. Por ello, toda mujer embarazada debe vacunarse contra difteria, tos ferina y tétanos a partir de las 27 semanas de embarazo.

 

La vacuna contra el/la polio es una para proteger contra un virus que ataca la médula espinal, metida en la columna vertebral, con lo que puede producir parálisis de las extremidades inferiores para el resto de la vida, de los músculos respiratorios, con lo que puede causar la muerte.  Entre los infectados que recuperan la movilidad de las extremidades, queda en algunos, debilidad y dolor de ellos.  Esto se ha observado 15 a 40 años más tarde.

 

Antes de las vacunas, la difteria mató miles de niños.  En 1988, la Organización Mundial de la Salud informó de la muerte de 787,000 bebés por tétanos neonatal, en el primer mes de nacimiento. Solo en los EEUU, antes de 1940, cuando no existía la vacuna contra la tos ferina, esta enfermedad infectaba a más de 200,000 niños anualmente.  A finales de 1940, el/la polio era una de las enfermedades más temidas en todo el mundo. Otra vez, en los EEUU, más de 35,000 personas con parálisis se producían por esta infección.

 

El éxito de la vacunación contra estas enfermedades las ha obscurecido en el panorama cotidiano.  Pero eso es lo que queremos, que las enfermedades infecciosas se controlen, que su erradicación no nos adormezca, y que reconozcamos que las podemos vencer, solo en la medida que las personas se vacunen.  Que la vacunación no solo ocurra porque vemos los casos de los enfermos, sino porque no queremos enfermar y no queremos que se enfermen nuestros seres más preciados y más queridos.    1/05/2021

 

 

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