- Dic 31, 2019
- Pedro Vargas
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La pregunta parece utilizada para distraerse o para no sentarse seriamente a discernir sobre cómo hacemos la vida hoy: ¿por qué esta crisis de suicidios?
Por cansancio.
El cansancio que produce una sociedad sin empatía, una sociedad narcisista, una sociedad competitiva hasta el crimen o el delito, una sociedad del rendimiento material y materialista. Hoy, pero desde ayer, andamos por las calles atropellando con apuros a los otros, salimos del vecindario sin conocer a los vecinos, no levantamos las cabezas de las pequeñas pantallas de los celulares ni para compartir una cena o un saludo de buenos días o un permiso para pasar entre otros.
Hoy nada dura, todo fluye sin dejar rastro ni huella, no hay compromiso ni promesa, todo se reemplaza, la vida media de las cosas se reduce al apetito tecnológico por más ventas, nada queda.
Como si fuera poco, allanamos, con la legalización o el bautizo de medicinales, el camino para la prescripción de substancias psicoactivas, que una industria ha sabido vender para cambiar de manos el negocio criminal de hacer adictos, enfermar y matar jóvenes y niños. La fiesta comienza, las bolsas de dólares no tendrán que ser enterradas ni escondidas, los traficantes podrán transitar “limpios” por las calles donde otros cruzan sin emociones en sus rostros ni en sus pasos, como ausentes -secuestrados sus cerebros por THC, tetrahidrocanabinol- otros se inyectan heroína o mueren con sobredosis de opio y opiáceos, o pulmones destrozados e inservibles, como los de los peores pacientes de quirófano para trasplante, harto impregnados de nicotina con sabores y otras porquerías. Pero hay otros llenando bóvedas bancarias con el producto de esos asesinos.
Pero seguimos preguntándonos ¿por qué esta crisis de suicidios?
Es no solo detestable sino desagradable, ver la desfachatez con que se publica la contabilidad de las ventas y los impuestos recogidos o por recoger, como poniéndole precio a la libra de cerebro consumido o huesos enterrados, en una forma de justificación o celebración de la medida liberadora de las drogas ilícitas por nocivas, adictivas y mortales. Es detestable y desagradable el lenguaje y el discurso que esconde la verdad de los daños que se le hacen a los jóvenes y niños, para más tarde, hacerse la pregunta o ignorarla.
A los eventos adversos de la infancia, el abandono de los padres, el abuso sexual y físico, el maltrato emocional, la negligencia para el cuidado médico, la prostitución infantil y juvenil o su vivencia en un cuartucho donde se comparten el sudor y los gemidos del adulto intruso o recibido con el insomnio de los niños con hambre y con frío, solo queda promover el abrazo, la palabra amable, la presencia y compañía, el oído sin lengua de juicio inapropiado e inoportuno, para sanar si llegan a tiempo.
Ojalá este nuevo giro de trescientos y tantos días que se inicia esta noche, sirva para pensar en esto y no solo para hacernos preguntas que nacen donde no se buscan las respuestas. 31/12/2019