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Alrededor del mundo, al momento de nacer entre el 2010 y el 2015, un hijo o una hija suyos viviría un promedio de 70.5 años.  Hace unos 200 años- esta expectativa de vida estaba alrededor de los 35 años. En todo el mundo la esperanza de vida en 1990 era de 64 años. Esa esperanza de vida “en los países ricos era, en 1800, inferior a la del país con menor índice de salud de 2012”[1].  Mientras que en 1820 el 94% de la población mundial todavía vivía en la pobreza extrema, en 1981 ese porcentaje se había reducido hasta el 44% y ahora, solo unas décadas más tarde, se sitúa por debajo del 10%”, como lo cita el mismo Rutger Bregman   ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

 

¿Qué ha ocurrido en estos 2 siglos para que esas cifras sean tan diferentes?  La Ciencia ha mejorado la vida de los hombres sobre la Tierra, y la salubridad ha mejorado exponencialmente. Con ello, la pobreza ha disminuido y la longevidad ha crecido.  Se descubrió el proceso de potabilización del agua de tomar, se descubrió la forma científica de elaborar biológicos que protegieran a los niños contras las enfermedades infecciosas, que diezmaban cientos de miles de ellos o les dejaban paralíticos o con daño cerebral y retardo mental; se fueron descubriendo los antibióticos para combatir las infecciones bacterianas; se mejoró la disposición de las aguas servidas.  Si queremos atribuir a un solo evento todo este mejoramiento, sin ser mezquinos con la potabilización del agua, las vacunas han sido el instrumento más eficaz de la victoria. **** y *****

 

Todos fueron avances de la Ciencia.  La Ciencia también logró avances exterminadores para triunfar en las guerras, para amenazar a la Humanidad, para doblegar el espíritu por la libertada y la justicia, pero estos negativos de la Ciencia no son los que celebramos.

La Ciencia fue tumbando uno a uno falsas creencias y la magia dejó el arte curativo a ella.  No todo se ha resuelto, pero cada avance abre el paso para otro paso, incluso para echar para atrás si así lo indican los resultados obtenidos y refrendados por estudios similares.

 

Quizás a la Ciencia no le faltan científicos sino formas para llegar a las gentes y vencer -en el campo de la objetividad y la razón, de la verdad y la honestidad- a no pocos hombres de Ciencia, que no la han honrado.  Por ejemplo, el detestable caso con el fraudulento británico Andrew Wakefield, anti-vacuna y anti-niños, cuyo artículo en 1998, -asociando el autismo (regresión del comportamiento y desarrollo de trastorno perversivo) de 12 niños con la vacuna contra el sarampión, rubeola y paperas- nació de un interés económico nauseabundo y donde, años más tarde, se descubrió la crudeza de la falsificación de las historias de esos niños.  Todavía tiene seguidores que se parecen a él.

 

Volviendo a lo que me interesa.

 

Hoy el 85.5% de los niños de 1 año de edad en todo el mundo han sido inmunizados o recibido protección contra la difteria, el tétanos y la tos ferina[2].  Cuando se ha hecho la pregunta sobre el porcentaje de niños a nivel mundial que han sido vacunados contra alguna enfermedad al año de edad, la respuesta entre las personas de los países más pobres fueron las más cercanas al valor real, y aún así se quedaron cortos en el cálculo.  La divulgación de estas y otras cifras de salud no es suficiente o es pobre, y eso contribuye en cierta forma a la proliferación de “falsos profetas” de la salud y la higiene, tanto local como universalmente.

 

El otro elemento importante de enfatizar es que vacunación se refiere a recibir el biológico o vacuna, e inmunización se refiere a la adquisición de la protección que se persigue con el proceso de vacunación.  De esto es claro intuir que no toda vacunación es lo mismo que inmunización debido al hecho de que esta protección solo se alcanza cumpliendo con el esquema que totaliza un número de dosis específico y probado para dar ese calificativo. Es solo con la inmunización que se puede alcanzar el logro de erradicación de la enfermedad infecciosa para la cual se vacuna.

 

Las enfermedades se conocieron antes que se conocieran sus agentes etiológicos (donde se inicia la barra horizontal) (ver Figura***) y una vez se conocieron los agentes etiológicos se procedió a la investigación hacia la consecución de las vacunas (donde termina la barra).  Hay enfermedades que aún conociendo el agente etiológico no se les ha podido producir la vacuna específica, segura y eficaz.  El desarrollo innovador de las vacunas se logra con los avances tantos científicos como sociales y económicos.

 

Cuando vuelva a oír consejos de “no vacunar”, “las vacunas matan”, “las vacunas producen autismo” y cuanta locura irresponsable se puede lanzar a los vientos, recuerde esta información. 19/9/2018

 

 

 

 

[1]Bregman R: Utopía para realistas. Romaya-Valls, PL. Verdaguer, 1 Capellades, Barcelona. 2017

[2]Vanderslott S & Roser M: Vaccination. https://ourworldindata.org  First published July 2015; last review in August 2018

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